Aquest blog és un recull de denúncies polítiques, d'articles que descriuen situacions anòmales, o qualsevol altre tema que pugui aportar interès. Vull agraïr l'ajuda de tots aquells que em remeten informació que després utilitzo
La España buena y la España mala
Mientras completo un largo periplo por España y Francia que me ha tenido casi una semana fuera
de mi hogar, en la media penumbra de este tren regional francés que poco a poco me lleva de
vuelta a casa, tengo por fin tiempo para reflexionar sobre todas las cosas que han pasado estos
días y poner en orden algunas de las cuestiones sobre las que hemos discutido con los asistentes
a las charlas sobre la crisis energética que he conseguido intercalar en medio de mis actividades
más bautómaticas. Me detengo un rato para tomar aire y perspectiva; son muchos los
pensamientos que se agolpan en esta cansada y dolorida cabeza mía. Vuelvo una vez más a las
discusiones más sombrías que he mantenido, las cuales se centran en el futuro de Cataluña, de
España, de Europa, del mundo...
Cataluña será independiente en un futuro no muy lejano.
Lo digo sin pena ni alegría, sin anhelarlo ni rechazarlo: yo no soy catalán y no deseo la
independencia, pero entiendo perfectamente que muchos de los amigos que he hecho tras diez
años de vivir en Cataluña hayan acabado deseando la independencia. El cambio en la postura de
esta gente, que de estar más o menos cómodos en España han acabado por desear marcharse de
este país sin moverse de su casa, se ha operado insensiblemente, alentado por un cúmulo
enorme de frustraciones que han llegado a su máximo con la crisis económica que ha destrozado
familias y empresas, y el hartazo con la corrupción política, la inoperancia del Estado y que se
gobierne en favor de los más poderosos. Ninguno de esos problemas son exclusivos de Cataluña:
pasa lo mismo en el resto de España y también en otros países. Sin embargo, mientras en mis
viajes por España detecto una cierta resignación mezclada con desesperanza, un cierto
derrotismo que niega que las cosas puedan mejorar puesto que no se divisa ningún partido que
pueda cambiar tan nefasto rumbo, en Cataluña los promotores del independentismo han actuado
con mucha astucia y han sabido canalizar el descontento popular en un proyecto ilusionante.
"Que Cataluña sea independiente y las cosas comenzarán a ir bien", vienen a decir,
"Abandonemos ese nido de pobredumbre que es España, gestionemos nuestro futuro y nuestro
dinero, y las cosas por fuerza nos irán mucho mejor". Y así mucha gente que había perdido, al
igual que en el resto de España, la esperanza de que las cosas pudieran mejorar, han encontrado
en esta apuesta, en este proyecto político, una nueva ilusión. La gente habla de la independencia
de Cataluña en las cafeterías, la gente se reúne en masa para manifestarse en la calle o hace una
larga cadena humana con ese fin. Los ciudadanos toman la calle y se reconocen como partícipes
de un proyecto colectivo, común, una promesa de mejora si Cataluña coge las riendas de su
futuro y sale de una vez este barco que se hunde en su miseria y que se llama España.
Dicen las encuestas de la televisión catalana que de celebrarse hoy un referéndum un 54% de los
catalanes votarían que sí a la independencia, frente un 26% que votarían que no y un 20% que a
día de hoy aún no saben qué votarían. En suma, que los que quieren la independencia no sólo
son mayoría sino que duplican a los que se oponen a ella. Yo no sé hasta qué punto estos datos
están adulterados, pero mi experiencia del día a día me indica que no están muy
desencaminados. Quizá la gente que votaría que sí no lleguen a la mitad de la población, pero la
impresión que a mi me causa escuchando conversaciones, hablando con unos y con otros, es que
ya son mayoría, y que su número sólo puede crecer a medida que las cosas inevitablemente
empeoren. Y en este contexto el presidente del gobierno autonómico de Cataluña, Artur Mas, ha
pactado con varios partidos celebrar un referéndum sobre la independencia el día 9 de Noviembre
de 2014.
Desde el Gobierno central de España se percibe este desafío como una boutade de Artur Mas, sin
comprender que si éste está al frente del proceso independentista es porque el movimiento por la
independencia de Cataluña le arrastra, no porque él lo lidere. Mientras tanto, el movimiento
independentista catalán va recabando discretamente apoyos por toda Europa. El Gobierno de
España cree tener la situación controlada por el flanco europeo por las declaraciones muy
medidas de algunos comisarios europeos que avisan de que una Cataluña independiente quedaría
fuera de la Unión Europea y tendría en todo caso que solicitar el ingreso, sin darse cuenta de que
las cancillerías del resto de Estados europeos (que son las que al final toman las decisiones)
permanecen extrañamente calladas, y cuando se les pregunta directamente siempre responden
que es un asunto interno de España. A partir de esa errónea sensación de seguridad que les da el
falso apoyo europeo a las posiciones del Gobierno central, los diarios españoles descuentan el
fracaso de la iniciativa catalana, basándose sobre todo en dos razones: porque el referéndum
catalán es ilegal en el ordenamiento jurídico español y porque de consumarse finalmente la
independiencia de Cataluña España quedaría dentro de la UE pero Cataluña estaría fuera, y para
que fuera admitida todos los países tendrían que votar a favor pero, dan por hecho, naturalmente
España se opondría. Asumiendo que fuera de la UE Cataluña se arruinaría, confían los medios
españoles en que en última instancia el referéndum fracasaría porque el catalán, pueblo
pragmático, no será tan suicida. Zanjado el asunto tras algunos comentarios despectivos dirigidos
a los irresponsables que la prensa española cree que están al frente del desaguisado, los medios
se centran en otros asuntos de más enjundia e importancia para el futuro de España.
Y sin embargo yo tengo la impresión exactamente contraria. No puedo saberlo con certeza, pobre
de mi, un punto diminuto perdido en medio de una marea humana que me arrastra de un lado a
otro; pero mis impresiones apuntan en la dirección completamente opuesta. De entrada el
argumento de la ilegalidad de la consulta y en última instancia de la separación es
completamente espurio. Por supuesto que separarse de España es ilegal con respecto a las leyes
españolas, pero eso no quiere decir que sea ilegítimo: si la mayoría de un territorio quiere
separarse resulta difícil de justificar desde un punto de vista moral, que no legal, que no se les
tenga que escuchar. Además, no es nunca la legalidad del territorio abandonado la que impide o
detiene la secesión: seguramente que cuando los países de Sudamérica se independizaron de
España lo hicieron violando la ley española, lo cual llegados a ese punto es completamente
irrelevante; lo que verdaderamente cuenta es la legitimidad, la voluntad mayoritaria de ser y
actuar así. Tampoco importa si hay una justificación histórica o no para independencia, ni siquiera
que el argumento "España nos roba" tiene grandes dosis de falsedad. Se puede intentar
convencer a la gente, pero no oponerse a su determinación.
Por tanto, el único argumento que podría servir para parar a los catalanes es el de la ruina
económica por quedar excluídos de la Unión Europea. Y sin embargo el sonoro silencio de los
Gobiernos "amigos" indica que quizá pese a la grandilocuencia de la prensa ibérica
(grandilocuencia semejante a la empleada cuando daban por hecho que Madrid sería sede
olímpica) el desenlace no va a ser el previsto. De hecho, y si se mira la cuestión fríamente, la
decadente Unión Europea podría tener buenas razones para desear una Cataluña independiente y
en la UE.
España es un problema para la UE. Con altos niveles de endeudamiento, alto paro y actividad
económica cayendo en picado, España es demasiado grande como para dejarla caer y liquidar
después los restos al estilo de lo que se ha hecho en Grecia. El nivel de endeudamiento de
España es tan elevado que se tiene que mantener a toda costa el diferencial de la deuda española
respecto a la alemana tan bajo como se pueda, porque si no los intereses de la deuda harían
peligrar la estabilidad finaciera de España y al final la de toda Europa. Reestructurar la deuda
española, separando la parte asumible y condonando la considerada impagable, tampoco es
viable porque la confianza en la solvencia financiera de España desaparecería por muchos lustros
y elevaría las dudas sobre la de otros países, inclusive alguno tan grande como Francia, lo cual
haría tambalearse toda la UE. Pero si no se hace nada igualmente la deuda española combinada
con su actividad económica en caída libre llevará a la quiebra de las finanzas de este Estado. La
situación de España es por tanto demasiado peligrosa para la UE.
La independencia de Cataluña brinda una interesante escapatoria a este problema, si la UE
permite que Cataluña se independice y una vez constituido el nuevo Estado se presiona a España
para que acepte su ingreso en la UE. No es una tarea difícil: España sigue y seguirá necesitando
del dinero europeo para mantener su banca y sus finanzas, e incluso aunque renunciara a
conseguir más financiación del Banco Central Europeo no puede devolver toda la deuda ya
contraída en su plazo de vencimiento. Una simple amenaza de que el BCE podría cerrar el grifo
del dinero y España al día siguiente votaría a favor del ingreso de Cataluña, "por un sentido de la
responsabilidad del que carecen nuestros vecinos del Este". La televisión pronto explicaría el
necesario pragmatismo de la aceptación del ingreso de Cataluña en la UE: con una larga frontera
común poner aduanas y aranceles, dado el intenso intercambio de mercancías, sería costosísimo
e ineficiente; además, al usar Cataluña aún el euro y haber en ese territorio deudas y
obligaciones nominadas en la divisa común europea las pérdidas por su conversión forzosa a una
nueva divisa catalana, por supuesto muy devaluada, serían muy onerosas, sobre todo para las
empresas españolas con intereses en Cataluña, "y no podemos permitir que encima de irse lo
hagan sin pagar", como diría algún profesional de las tertulias. Sin embargo en la negociación del
reparto de la deuda justamente Cataluña podría liberarse de una parte que en puridad le
correspondería, endosándosela a España con la bendición de los observadores nombrados por la
Comisión Europea, el BCE y el FMI para tutelar el proceso. De ese modo se lograría la
cuadradtura del círculo de reestructurar la deuda española sin que cundiese el pánico en los
mercados, "ya que la situación de Cataluña es completamente excepcional".
Por supuesto que la situación de Cataluña no tiene nada de excepcional. La progresiva
descomposición de los Estados tiene toda la lógica con la progresiva inviabilidad del sistema
capitalista del que se nutren y al cual nutren, inviabilidad ocasionada por entre otras cosas la
rápida disminución de las materias primas disponibles y particularmente la del petróleo. Pero una
manera posible de alargar la agonía de este sistema consiste en disgregar los territorios más
productivos, capaces de asumir una porción razonable de la deuda y seguir adelante con ellos,
mientras que el resto de la deuda va quedando en territorios cada vez menos productivos,
iterando el proceso de disgregación hasta que se han separado todos los territorios productivos y
queda uno sólo, improductivo, cuyas finanzas quiebran. Es la misma lógica del llamado "banco
malo", que es un banco creado ad hoc para asumir todos los activos de rentabilidad o liquidez
dudosa de otros bancos. Se trata, pues, de separar los países en su parte buena y su parte mala.
La segregación de Cataluña y el voto positivo de España a su ingreso en la UE tendrá un efecto
desestabilizador sobre la sociedad española semejante al desastre del 98. Toda la grandilocuencia
de la prensa española riéndose del referéndum catalán se tornará en rictus unos meses más
tarde al contemplar estupefacta la entrada del nuevo Estado en Europa. Cataluña ya está,
probablemente, perdida para España; pero España debería aprovechar este mazazo del destino
para, en vez de encerrarse en rancios esencialismos, emprender un proceso de profunda
regeneración política, económica y social. De no hacerlo así la alternativa podría ser que al final
haya varias Españas buenas productivas y una España mala que sufra por las deudas de todos.
Esta noche es fría y oscura en Francia. Aún quedan unas horas para llegar a casa...
Antonio Turiel. Diciembre de 2013.
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